Las raices
de todos los árboles crecen para encontrar el agua y los nutrientes
que le son tan necesarios para la vida. Así pues, cuando un
árbol crece en una maceta, las raíces van creciendo
hasta ocupar la totalidad del espacio limitado. Al mismo tiempo la
tierra se va desgastando y pierde la facultad de proporcionar los
nutrientes que el árbol necesita. Si levantamos el árbol
de la maceta veremos que las raíces forman un ovillo espeso
y enredado. Este será pues el momento de trasplantar si deseamos
mantener la salud del árbol, o bien deberemos plantarlo en
una maceta mayor o en el suelo.
Son sólo las raíces más jóvenes y finas
las que trabajan para alimentar al árbol y éstas, al
igual que las ramas, se activan y estimulan mediante la poda.
Un árbol en una maceta no necesita de raíces gruesas
para proporcionarle estabilidad, tal y como las necesitan los árboles
creciendo en el suelo, y cuando se podan estas raíces, el árbol
reacciona emitiendo gran cantidad de raíces jóvenes
y finas. Los resultados pueden observarse en la copa, con un crecimiento
sano y vigoroso. En vez de una maceta llena de raíces viejas
y poco útiles, las renovamos con raíces que son muy
útiles y necesarias para el árbol.
Así, la poda de raíces es necesaria en los Bonsai, y
tal como cada año que pasa éstos adquieren las características
de vejez que buscamos, simultáneamente les proporcionamos un
sistema de raíces jóvenes que convierten a los Bonsai
en el ser vivo más cercano a la inmortalidad.
Además, con la poda de raíces tenemos la oportunidad
de estudiar el cepellón en busca de alguna raíz podrida
o enferma.
Otra razón que hace necesario el trasplante es que mientras
más llena de raíces va quedando la maceta, la porosidad
de la tierra disminuye y, consecuentemente, también la circulación
de aire y agua, con lo que nuestro Bonsai no podrá vivir sano
mucho tiempo más.
El trasplantado es una operación que nos veremos obligados
a efectuar muchas veces a lo largo de la vida de un Bonsai, por lo
que podemos dividir esta técnica en tres variedades, dependiendo
de la edad del árbol que tengamos entre manos o dependiendo
de como lo obtengamos:
Trasplante de creación:
• Lo efectuamos con un árbol que llega hasta nosotros
por primera vez y se efectúa tan sólo una vez en la
vida de un Bonsai.
Trasplante de establecimiento:
• Es aquel en el que creamos un cepellón de raíces
finas suficientes como para mantener el futuro desarrollo de la copa
del Bonsai.
Trasplante de mantenimiento:
• Aquel que efectuamos en un Bonsai para proveerle de nuevas
sustancias nutritivas y suficiente aireación para las raíces.
A la mayoría de los árboles no les gusta ser molestados
en su medio habitual de crecimiento. Por esta razón, procuraremos
trasplantar sólo cuando sea imperativa la necesidad de hacerlo.
Así, si nuestro Bonsai ha sido trasplantado el año pasado,
no necesitará de un nuevo trasplante hasta dentro de dos años,
si es de una especie de hoja caduca, o hasta dentro de cuatro años
si se trata de una especie de hoja perenne.
Por supuesto, si el árbol tiene algún problema de crecimiento
radicular, tal como podredumbre de raíces, debemos trasplantarlo
inmediatamente.
Algunos árboles, sin embargo, pueden necesitar de un trasplantado
más frecuente, bien sea por su rapidez natural de crecimiento,
o bien porque estemos forzándolo a crecer mediante un programa
intensivo de abonado. El sauce, por ejemplo, puede necesitar un cambio
de suelo, incluso dos veces al año.
Aquí solo trataremos el trasplante de mantenimiento, en otra
sección (mas avanzados) se tratará el resto de trasplantes.
En el trasplante de mantenimiento, el objetivo a conseguir es el de
proveer a nuestro Bonsai de un suelo nuevo, poroso y rico en sustancias
nutritivas.
Una vez formada la copa y el cepellón, un Bonsai puede agotar
la tierra de su maceta en dos años; los cientos de hojas de
su parte aérea están demandando alimento y agua a las
raíces continuamente, por lo que éstas crecen muy rápidamente.
Por eso, en un Bonsai adulto, la fecha de trasplante es importantísima;
ya no basta con efectuarlo a principio de primavera en general, sino
que debemos hacerlo al comienzo de la primavera para ese árbol
en concreto.
La señal para el trasplante nos la dan las yemas: si comienzan
a hincharse y cambiar de color hacia el verde o rojo, es el momento;
si ya tiene un par de hojas, aunque no estén desarrolladas
plenamente, es demasiado tarde. Si trasplantamos muy tarde, las raíces
(algunas cortadas, y otras estresadas por él cambio de medio
no serán capaces de proveer de agua tan rápidamente
como es necesario a las hojas, con lo que el árbol puede deshidratarse
e incluso morir.
Si trasplantamos demasiado pronto, una helada tardía puede
dañar seriamente a la planta. El corte de raíces ya
no es ahora tan importante, por lo que éste se limita a un
saneamiento de las raíces en general, quitando las más
gruesas, las podridas, las enredadas, etc., pero sólo cortaremos
las puntas de las mismas, hasta un tercio del cepellón original.
Los dos tercios restantes se limpiarán de tierra, y cuidadosamente
iremos rellenándolos de tierra y esparciéndolos alrededor
de la maceta. No debe quedar ninguna raíz en contacto directo
con el aire, y por ello nos ayudaremos de un palillo para ir introduciendo
tierra nueva en el cepellón.
La mezcla de tierra también es muy importante de manera que
el drenaje sea perfecto. Cuando una vez trasplantado él árbol
lo reguemos, el agua debe absorberse rápidamente.